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NUEVE SEVILLAS: DÉJAME VIVIR CON ALEGRÍA

Primero me escribió: «Obra maestra mayor, estoy entusiasmado, la mejor película que recuerdo en años. Mañana escribiré algo en Facebook». Y Luis Lapuente (radiofonista de Radio 3, autor de varios libros sobre música), lo hizo:

NUEVE SEVILLAS: DÉJAME VIVIR CON ALEGRÍA (la obra cumbre de Gonzalo García-Pelayo)

Anoche fui uno de los afortunados espectadores (expectantes, asombrados, felices) del preestreno en Madrid de “Nueve Sevillas” (Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes), primera piedra de esa formidable avalancha de cine sin barreras ni fronteras que está creando Gonzalo García Pelayo en los últimos tiempos, tiempos oscuros, dirán algunos, no para él, tiempos difíciles, subrayarán los más, no para él, nunca para él, que solo se permite tener nostalgia del futuro.

Dirigida al alimón con Pedro G. Romero, hermano de heterodoxia, “Nueve Sevillas” es mucho más que un documental sobre flamenco o una visión estroboscópica del paisaje y el paisanaje sevillano, que también. Es, sobre todo, un hermoso documento de amor por el cine, de amor al cine, un formidable panóptico que remite al Truffaut de “La noche americana”, al Rohmer de los “Cuentos de las cuatro estaciones”, al Rossellini de “Roma, ciudad abierta”, al John Ford enamorado de sus escenarios y sus personajes de “El hombre tranquilo”, también al Dreyer de “Ordet”. Una película río, como es la propia vida de Gonzalo, que se bifurca y se enrosca y se explica en todas sus contradicciones mejor que en sus certezas, una pasmosa celebración del alma de la ciudad del grifoteo y la arquitectura sacra, el fuego y la palabra, excusa para derramarse en historias paralelas pespunteadas por sus actores y no actores fetiche, Javier García Pelayo, casi el War Bond de Gonzalo, trasunto de Dennis Hopper en “Easy Rider” y de Barry Fitzgerald en “El hombre tranquilo”.

No hay que contar “Nueve Sevillas”, película cumbre, obra maestra mayor, imperfecta y torrencial, como todas las obras maestras, hay que verla y recrearse en volver a verla y a verla y a verla, empaparse de su alegría de vivir, abandonarse al cine dentro del cine dentro de la vida dentro de todas las Sevillas que esta película fascinante apenas revolotea.

No por casualidad, Gonzalo García Pelayo publicó en 1976 “Déjame vivir con alegría”, la mejor canción de Vainica Doble en el álbum “Contracorriente”, de la legendaria Serie GONG. Le han dejado, o no han podido prohibírselo, y él nos invita permanentemente a hacerlo, y en su nueva, en sus nuevas películas, lo grita en silencio para que nadie pueda decir nunca que no le escuchó: déjame vivir con alegría.

Todo lo demás es polka.

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