Logotipo La Zanfoña Producciones - Serie Gong Cine
04 SIETE JERELES DE GONZALO GARCIA PELAYO 696x463 1

García-Pelayo once largometrajes en doce meses

García-Pelayo, once largometrajes en doce meses

Gonzalo García-Pelayo (Madrid, 1947) se consolidó hace décadas como uno de los personajes más brillantes de la cultura española. O contracultura, como se prefiera. Su trayectoria está marcada por una producción musical sin parangón en los años setenta: Triana, María Jiménez, Hilario Camacho, Aute, Lole y Manuel, Carlos Cano o Labordeta, entre otros. Pero su querencia cinematográfica ha sido un asunto pendiente y ahora ajusta cuentas con la pasión cinéfila gracias a la puesta de largo del proyecto “10+1 películas”.

04 SIETE JERELES DE GONZALO GARCIA PELAYO

La figura de Gonzalo García-Pelayo se abordará en los libros de historia de este país, en los que aparecerá como personaje mítico, rupturista, inagotable y tremendamente prolífico. A sus 75 años, este productor musical y cinematográfico, apoderado de toros, locutor y jugador profesional ha dejado una profunda huella en la cultura. Resulta tarea compleja (tirando a imposible) etiquetarle, pero adjetivos como libérrimo, valiente, indómito o radical pueden servir para acercarse a su personalidad creativa. También podría optarse por el término “genial”,a la vista de su cronología vital.

Estas semanas de septiembre y octubre presenta un proyecto tan ambicioso que causó perplejidad al anunciarse: la realización de once largometrajes en doce meses, hercúlea labor que el director acometió entre abril de 2021 y el mismo mes de 2022. Se trata de un logro difícil de comprender en el contexto de la industria contemporánea, donde el tiempo habitual para concluir una película ronda los tres años y el coste medio de una producción cinematográfica se acerca a los dos millones de euros. Ha alcanzado en años pandémicos una productividad que daría envidia a Roger Corman, el legendario director estadounidense que tituló su autobiografía ‘Cómo hice 100 filmes en Hollywood y no perdí ni un céntimo’.

A la autopregunta de cómo es posible sacar adelante once películas en estas condiciones, responde con socarronería andaluza: “Hay que mantener bajo el listón de autocrítica”.Pero la clave es necesariamente otra, porque este autor de culto se mueve en esferas distintas a lo convencional. Muy distintas. Por un lado, dentro de una difusa órbita contracultural, experimenta con el lenguaje fílmico y desafía las normas sin despeinarse; también disuelve en toda su obra las tradicionales barreras entre ficción y documental, y, al mismo tiempo, rastrea fenómenos de alto interés humano que laten fuera del radar de los medios hegemónicos, tanto en la Transicióncomo en la España de estos últimos años. Más rasgos de su cine: estimula la conversación filosófica entre los personajes y emplea un prisma reflexivo ante las cuestiones del sexo, siempre en defensa del instinto sobre la cultura, con tintes surrealistas y sin corsés ni moldes. “Me guío por la emoción y el instinto”, declara.

Su primer impulso como realizador se desarrolló entre 1975 y 1986. Luego se entregó durante años a otras pasiones (producción musical, actividad editorial, juegos de azar e indagaciones matemáticas, entre otras) y ahora vuelve a lo grande a las pantallas.

Recientemente se han organizado retrospectivas de su trayectoria en la Viennale (2013) y el Jeu de Paume (2014), además de estrenar varios de sus nuevos largometrajes en BAFICI(2022), el Festival de Cine de Buenos Aires. En Madrid, presenta hasta el próximo noviembre su nueva tanda de películas bajo un título esclarecedor y casi autobiográfico: “Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo”.Rompe en estos once largometrajes (uno de ellos bajo ese mismo título) con los sistemas convencionales de producción cinematográfica. Parece empeñado en inventar una nueva forma de fabricar cine, de modo similar a Coppola cuando apostó por el cine electrónico con décadas de adelanto sobre su tiempo, si bien se arruinó con Corazonada (1982). A ambos cineastas les chiflan los juegos de azar, pero el español gana por la mano (nunca mejor dicho) al genio italoamericano.

El director guarda la frescura de los primeros días y demuestra una dentadura creativa muy afilada. Hurga en lo cotidiano y ahonda en enfoques de una originalidad extrema, bajo el denominador común de “la alegría de vivir”. Las ’10+1 películas’ respetan la coherencia temática y estructuras de sus obras iniciales. Las nuevas entregas, bajo joint venture de Serie Gong Cine y Gervasio Iglesias (La Zanfoña Producciones), otorgan prioridad al instinto a la hora de tomar decisiones. Otra característica compartida: la duración de los largometrajes no supera en ningún caso la barrera de los 73 minutos.

Dispuesto a reírse de las fronteras, las películas se han rodado en tres continentes y múltiples localizaciones (Kerala, Tamil Nadu, Kazajistán, Argentina y Portugal). En España se han grabado cinco de las entregas. Fue crucial elegir las fechas idóneas para cada rodaje ante tal dispersión geográfica y meteorológica: en enero, India; en verano, Kazajistán, y así sucesivamente. Para ese encaje de bolillos, ha contado con su hermano Javier como coordinador de producciones, eterno compañero de aventuras y también actor en algunas cintas. Los espacios de filmación resultan primordiales para el realizador, porque inyectan emoción a los personajes y tramas. Los ecos de las “geografías emocionales” son parte sustancial del relato cinematográfico que ahora estrena.

García-Pelayo ha congregado también a un grupo de actores y técnicos que serpentean por varias películas y otro sustrato común es el metacine (cine dentro del cine, rasgo constante desde que dirigió Vivir en Sevilla). Otro eje radica en el protagonismo narrativo de la música como expresión del propio argumento, con el flamenco y el rock como puntas de lanza sonoras. Ese hondo conocimiento musical lo ha demostrado siempre, con un olfato indiscutible para localizar talentos bajo las piedras; por ejemplo, cuando Rosalía no había publicado aún su segundo disco García-Pelayo ya la filmó para su película Nueve Sevillas.Ahora Rosalía es una estrella planetaria, como ha ocurrido con otros artistas de los que ha sido en cierta forma mentor.

Esa sabiduría se remonta a la difusión de los sonidos foráneos que se disfrutaban en el local sevillano que fundó en los años sesenta, Dom Gonzalo, donde se reunían clandestinamente Felipe González y Alfonso Guerra hasta que sufrió el cierre gubernativo. La posterior clausura de la Escuela de Cine en Madrid donde estudiaba le condujo a París, donde se empapó del séptimo arte, y, al regresar a España, fundó Gong, sello discográfico clave para el despegue de promesas artísticas, principiantes que hoy se consideran clásicos. Gong fue el paritorio de una enorme cantidad de joyas musicales (un elepé cada dos semanas). De forma paralela a entonces, García-Pelayo regresa con la demostración de que el cine es “una manera de vivir”,como se indica en la información oficial sobre su retrospectiva.

A las ’10+1 películas’ se añaden sus respectivos making of (equivalente a ‘cómo se hizo’). García-Pelayo también quiere sacudir el polvo acumulado en este formato y explica que “en los making of los actores hablan todos muy bien unos de otros y hablan muy bien del director, por supuesto. Me gustó muchísimo el making of de la primera, tuve envidia, y de ahí parte la película Así se Rodó Carne Quebrada, que no tenía muy encajada de guion. Y me dije: ´Me quedo con la idea del making of y lo hago yo´. Me parece que el making of es una fórmula sensacional, porque te permite una ligereza de tono y no estar pendiente de la historia, o por ejemplo que no te importe estar atento a que sea interesante la peli que se está haciendo. Tengo mis dudas sobre si Carne Quebrada es una buena película. A veces puedes estar incluso rodando bien una película que a lo mejor no es tan buena. Entre todo ese tipo de contradicciones, el making of puede ser algunas veces muy bueno, y yo creo que habrá muchos más en el futuro, porque ahora hay más facilidad. Animo a los programadores de festivales para que en próximas ediciones puedan dar los making of, porque quizá pueden ser mejores que la película original”. Y añade: “El responsable de los making of de ’10+1 películas’ se llama Carlos Escolano”.

El realizador y su equipo han estrenado ya varias películas de la serie: Así se Rodó Carne Quebrada, deriva filosófica (con Spinoza en la proa) sobre el paisaje y el sexo, y Alma Quebrada, que refleja el tránsito del dolor a la esperanza. En Praga se ha proyectado Ainur (rodada en Kazajistán), reflexión sobre el amor, los viajes y los espacios vitales. A estas películas se suman títulos como Arde, Chicas en Kerala, Diario Tamil, Tu Coño, Pensamiento Insurrecto, Dejen de Prohibir Que No Alcanzo a Desobedecer Todo, El Otro Lado de la Realidad y Siete Jereles. El cineasta y su equipo presentan en sociedad el ciclo completo de producciones en el Reina Sofía y la Cineteca de Madrid durante las próximas semanas.
Entre ese ramillete de estrenos persisten algunas grandes cuestiones que han fascinado a generaciones de espectadores: los marginados más heterodoxos como almas de gran valor cultural; la simbiosis de lo excelso y lo popular, y el empleo de la música (ya sea flamenco, psicodelia o sevillanas) como un ariete con el que la realidad se incrusta en la ficción (y viceversa). Mantienen sus nuevas entregas un mismo espíritu donde se rebasan los límites, hoy como ayer. Queda claro que García-Pelayo defiende con fiereza su concepción personal del cine, marcada por el vitalismo y la iconoclastia, ambas especialidades de la casa, tanto en el fondo como en la forma.

02 AINUR DE GONZALO GARCIA PELAYO

En el libro “Nostalgia del Futuro” (título de las conversaciones que mantuvo con el escritor Luis Lapuente, editado por Efeeme), se constata su hondo conocimiento del séptimo arte, donde declara influencias como Ozú y John Ford, otro experto en la producción a destajo.

Esa afinidad por la cantidad la insinuó así durante la presentación de Así Se Rodó Carne Quebrada: “La sensación que yo tengo en la escena de sexo con la música es como una especie de dragón que está ahogado en rocas y se está debatiendo para sacar la cabeza y echar fuego con la cabeza y con la cola. Pero el centro del cuerpo lo están aplastando las rocas de ese paisaje para mí impresionante de costa quebrada, que cuando lo vi dije: ´Aquí hay que rodar´, aunque no lo conocía. Me llevó un amigo de casualidad. Toda esa escena es como un dragón que ruge y la música tiene que ser de rock, rock duro, aunque no sea esa mi especialidad, pero sí momentos, gritos del rock duro que sí me gustan. Hay que desarrollarlo con inteligencia. No es lo mismo hacer diez segundos de algo muy impresionante que desarrollarlo luego ya en tres minutos. Entonces cogemos los segundos del rock duro para reincidir en lo telúrico, primigenio, lo de la madre tierra. Y la roca… la roca es lo primero de todo. Y eso mezclarlo con las sensaciones que puede producir el sexo. Por eso hemos hecho las películas cortas, porque quitar diez minutos de cada película y multiplicarlos por diez suman cien minutos, que equivalen a otra película. Es aliviar mucho a los espectadores, a los productores, a los montadores, que sean largometrajes de 72 o 73 minutos”.

No es seguro que Gonzalo García-Pelayo se saque la espina de su pasión cinéfila con este aluvión de películas. Como conocedor de las leyes de la probabilidad, quizá es muy consciente de la proliferación de medios audiovisuales y soportes para las películas. En las últimas décadas se han multiplicado la plataformas y medios gracias a la era digital, pero puede que el negocio de la producción se haya quedado anclado en un tiempo pretérito y ahora hacen falta en el mercado muchos más contenidos para rellenar las parrillas. Hay “sequía” de novedades (sobre todo tras la pandemia) y “cantidad” es una palabra que ha servido siempre de brújula a García-Pelayo. Esa aceleración de los tiempos que ocupan los rodajes habituales en el cine español puede ser la clave de este atrevido paso.
El cineasta reaparece en escena como un jugador que no deja nada al azar, un hombre de acción con genes tentempié, un chiflado con los pies firmemente anclados en las leyes de las probabilidades, un artista en constante movimiento hacia territorios mentales sin fronteras y capaz de reinventarse cuantas veces desee. Estas ’10+1 películas’ lo demuestran.

Un mago de los números

Gonzalo García-Pelayo ha investigado exhaustivamente durante años varios problemas matemáticos y profundizado en el conocimiento de las reglas que rigen las probabilidades. En los últimos tiempos, ha compatibilizado el rodaje de las once películas o el lanzamiento de la editorial Gong con el estudio de los números primos, una de sus obsesiones favoritas.
El pasado mayo, en el Museo Reina Sofía, presentó, en colaboración con el matemático Ricardo Peytavi, el libro ‘Demostración de la Conjetura de Goldbach e Inecuaciones de los Números Primos’ (Editorial Gong). Los autores afrontan en sus 218 páginas una incógnita que se planteó hace casi tres siglos ante la que han fracasado generaciones de profesionales de las matemáticas. Muchos lo consideran el rompecabezas más difícil en la historia de esa ciencia exacta, pero García-Pelayo sintió un rapto de inspiración en pleno Domingo de Resurrección, en 2021, y durante un paseo por una playa gaditana creyó haber descubierto la llave que desvela el enigma.

El desafío consiste en demostrar que todo número par mayor que dos puede expresarse como la suma de dos números primos. García-Pelayodefendió públicamente que en su libro se descifra el longevo problema matemático gracias a las inecuaciones, una herramienta que considera válida para escrutar los números primos. Explicó que su equipo de trabajo ha comprobado la validez de su tesis con cuatro trillones de datos (4.000.000.000.000.000.000), ya que es una cifra baja para considerarlo plenamente demostrado, aunque suficientes para él, ya que esas comprobaciones deberían elevarse casi hasta el infinito. En ese momento anunció que deja en manos de la comunidad científica la certificación de su hallazgo

Filmografía guadianesca y trepidante

Gonzalo García-Pelayo nace en Madrid, en junio de 1947. Tras vivir en Jerez y Sevilla, viaja a París en 1965, donde devora películas y discos sin tregua. Al regresar dos años más tarde, en su primer paso como empresario, abre en Sevilla el Club Dom Gonzalo, local legendario donde suenan músicas vetadas o arrinconadas en la España de Franco.
Las autoridades cierran su pub musical. Cambia de piel y actúa como manager de grupos, además de formarse durante 1969 en la Escuela de Cine. El Gobierno también clausura el centro de enseñanza cinematográfica tras una huelga secundada masivamente e inicia una etapa en emisoras y publicaciones musicales de Madrid, con tal éxito que llega a presentar un programa en el segundo canal de TVE.

Ya en 1974 funda el sello discográfico Gong (enmarcado en Moviplay), descubriendo talentos que revolucionan el flamenco y el folk-rock español. Pero su afán cinematográfico resurge cual enfermedad rediviva y en 1976 dirige su primer largometraje, Manuela, con Fernando Rey y Charo López. En 1978, estrena su segunda película, Vivir en Sevilla (con exquisito tratamiento musical, que concluye con Paraíso Ahora, de Pablo Guerrero), y luego la tercera: Intercambio de Parejas Frente al Mar. Se enfrasca en una vorágine de lanzamientos musicales y tarda cuatro años en reaparecer sobre las pantallas. Ya en 1982, ofrece dos películas diametralmente distintas en enfoque y planteamiento: Corridas de Alegría y Rocío y José; la primera enmarcada en el cine erótico, y la segunda, de temática religiosa (fue cofrade varios años en la Hermandad del Silencio). Como dijo San Agustín:“Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo”.

El siguiente hito llega diez años después, tras inventar un sistema estadístico junto a varios familiares con los que se embolsa unos setenta millones de pesetas en el Casino de Torrelodones (Madrid), epopeya cantada por Joaquín Sabina. Su método legal para apostar por los números con más probabilidades de salir en la ruleta le dio fama mundial, pero le cerró las puertas de los palacios del juego en Europa y Estados Unidos. Esa peripecia se narra en la película Los Pelayos (2012), dirigida por Eduard Cortés. En esa fase se vuelca en los juegos de azar (sobre todo carreras de caballos) y abre en 2006 una escuela de póker online, Los Pelayos Póker.

Treinta años después de su estreno, consigue un reconocimiento de primer nivel: Vivir en Sevilla figura entre las 1.600 mejores películas de la historia, según la prestigiosa revista británica Sight&Sound. También instituciones de influencia planetaria, como Jeu de Paume en París, resaltan la calidad de sus filmes. Ese impulso le sitúa otra vez tras las cámaras y estrena Alegrías de Cádiz (2012). Reactiva el sistema de producción masiva que había funcionado tan bien con los discos y en 2014 presenta tres películas suyas de forma casi simultánea: Niñas, Copla y Amo Que Te Amen. Al año siguiente dirige Todo Es de Color (2015), sobre el grupo Triana que había producido décadas atrás. Ya lanzado, ofrece otra triada fílmica en 2016: Sobre la Marcha, Niñas 2 y Mujeres Heridas. Dedica buena parte de su energía durante los años siguientes al estudio de los números primos, pero consigue sacar adelante otra película, Nueve Sevillas (2020). Su último proyecto llega ahora y lo ha bautizado “Dejen de Prohibir Que No Alcanzo a Desobedecer Todo”, once películas y sus respectivos making of que podrían llevarle al Libro Guinness de los Récords, si presenta la candidatura.

Fuente: https://www.eladelantado.com

¡Comparte este artículo!

Ir a Arriba