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Crítica a TU COÑO de Gonzalo García Pelayo en «Nos hacemos un cine»

Sep. 18

TU COÑO de Gonzalo García Pelayo, 2022.

tu coño critica nos hacemos un cine

Dije que pensaba no escribir nada sobre las 10 películas (más una) filmadas por Gonzalo García Pelayo durante un año en la idea de que, quizá, todas ellas formaran parte de una extensa obra única. Las interrelaciones pueden establecerse, casi todas dialogan en parejas temáticas de títulos, algunas con tríos, o con tríos y cuartetos en pantalla. Buscar una unidad homogénea no es posible, el cine de García Pelayo es de todo menos homogéneo; como buen heterodoxo juega con la variedad y, cómo no, la provocación. El verdadero pensamiento insurrecto del compendio 10+1 que Gonzalo nos está ofreciendo a lo largo de 2021-2022 se encuentra en esta película y no la que ha titulado con esa expresión. Sin duda la más inclasificable de su serie vista hasta ahora, la más fuera de mercado, ya sea del mercado cinéfilo o del mercado pornográfico. Verdadera obra a contracorriente realizada como una ruleta rusa en la que se acciona el gatillo cinco veces sin que el proyectil llegue a ser percutido, una película en la que el director se atreve a usar el género más maldito y underground, el más denostado y tabú, para moldearlo a su gusto y ofrecer un resultado final lleno de capas que, bajo un eje central de sexo explícito, desborda éste hasta el punto de que la forma fílmica supera al exhibicionismo físico de los atletas sexuales permanentemente desnudos en pantalla.

La primera escena ya indica cuál va a ser el epicentro del relato, de los 72 minutos de película no me equivocaré mucho si en más de 50 la pareja protagonista no aparece follando, no hay simulación en el acto sexual que se nos brinda de manera completa, variada y constante desde el primer minuto, pero siendo eso lo evidente no es lo único ni lo fundamental. Porno sí hay, pero el porno no lo es todo, es más, quizá es lo más insignificante de lo que el director quiere mostrar. Bajo lo evidente, bajo lo físico y lo orgánico, hay un relato, hay un medio y un fín para hablar sin tapujos de la sexualidad, del goce, del placer, de la mujer que lo siente y lo proporciona. A través de las imágenes Gonzalo sublima el ideal del cuerpo femenino, algo nada infrecuente en su cine, y aunque su mirada nos guíe a los genitales, y glose su forma, su textura, su sabor y sus bordes, el texto complementa lo que vemos para traspasar lo meramente sexual a lo pasional y lo amoroso. Así, esos textos (qué bien estarían editados en un libro) cuyo ritmo se acompasa al de los jóvenes amantes infatigables, llevan la película al campo de los textos eróticos hinduístas o al espìritu que inunda el Cantar de los Cantares.

Si «Tu coño» se hubiera limitado a ser mero cine pornográfico hubiera sido una decepción conociendo la trayectoria de García Pelayo, en el conjunto del 10+1 las hay muy buenas, buenas, mejores y peores; alguna mala porqué no decirlo, todo esto desde la valoración puramente subjetiva de lo que uno espera de cualquier obra artística; pero difícilmente, por no decir imposible, se encontrará, en el panorama del cine español del presente un proyecto tan radical como para atreverse a filmar diez películas en un año, pero es que ninguna como «Tu coño» podrá ser tan arriesgado y único atreviéndose a desafiar el juicio negativo de la moral católica imperante y de la censura pseudoizquierdista que ve en la explicitud del sexo una amenaza constante. Si es o no la mejor de las 8 puede ser discutible, pero que es la más libre, la más conscientemente filmada sin paracaídas, la que más problemas de distribución tendrá siempre al decidir mostrar el sexo como es y sin tapujos, es indudable. Si el riesgo y la presentación permanente de los cuerpos desnudos acercaría la apuesta a Grandrieux o D,Agata, lo que la separa de estos es que abandona cualquier opción de cine experimental y de intentar filmar el cuerpo en movimiento ausente de argumento, enfocándose en referentes visuales del llamado cine para adultos con evidentes guiños a la pintura de los clásicos, como el famoso «Origen del universo» de Courbet, explícitamente reproducido y filmado (quizás pensando también en sufrir el mismo rechazo inquisitorial y quedar reducido al ámbito privado y casi clandestino), buscando una aparente historia de dos jóvenes amantes para los que el tiempo no existe si no es en una cama, y así dinamitar la forma fílmica para demostrar que el axioma de que el cine porno sólo sirve para una cosa, excitar al espectador, es falso; siempre y cuando se pretenda buscar otro objetivo.

 

El juego de los cuerpos con la palabra es digno de elogio, pero también lo es la idea visual de ofrecer simultáneamente el cuerpo de ella a través de diversas pantallas aprovechando el espacio de la propia habitación en que se filma, bien con una gran pantalla que duplica la acción entre un presente en acción y un pasado recreado, o a través de la colocación de dispositivos de reproducción doméstico que proyectan partes del cuerpo de Macarena Lewis mientras los actores follan y otros leen los textos, o simplemente leen desnudos, o leen follando, que todo es posible en el cine de Gonzalo. Lo que predomina es el sexo, el sexo amoroso que sublima los sentidos y los órganos hasta el paroxismo ridículo, pero los fantasmas que van apareciendo en esa habitación, mientras los amantes no cesan en su ímpetu, sirven para hablar de otros sentimientos y otras realidades, tan es así que, pese a la explicitud visual de las escenas, el espectador es capaz de concentrarse tanto en lo que se dice que los gemidos y jadeos forman parte de un acompañamiento de la palabra más que ésta un añadido innecesario a la acción sexual.«Tu coño» es un lujo en un mundo de creación marcado por el algoritmo y que solo fila lo que puede gustar a las mayorías ofreciendo constantemente el mismo tipo de producto repetido hasta la saciedad. «Tu coño» es tan libre y tan anárquica como lo es el cine de García Pelayo, pero al tiempo demuestra que, la rapidez en la filmación no está reñida con la calidad ni el gusto exquisito a la hora de crear y expresar ideas que suelen quedar sepultadas bajo el tabú burgués de los temas que no deben tratarse. La película es un juego gozoso, imperfecto claro, porque a Gonzalo no le importa mostrar que los actores se equivocan del mismo modo que al hablar todos cambiamos sílabas o pronunciamos mal, con el uso habitual del rótulo que remarca frases o ideas previamente pronunciadas, y donde el director se permite bromas con el montaje y el montador, y dobles sentidos (que Macarena lea las acotaciones nos recuerda a algún político), incluso interrumpiendo la acción con un par de interludios no hace sino jugar con la realidad y la ficción de esa pareja de circunstancias, que presentados como «recién casados» (un toque de convencionalismo conservador dentro de tanto arrojo) no dejan de ser un par de desconocidos que trabajan en el mundo del cine sexual, y hasta los dardos envenenados que Macarena lanza a su partenaire al responder los cuestionarios durante los intermedios bien podrían ser idea de un director sabedor de que no puede pedir a los atletas que encima sepan interpretar, aunque en honor de la verdad, la presencia de Macarena sí que inunda la pantalla con una mirada y una sonrisa muy poco frecuentes entre la profesión en general, y que seguro que Gonzalo va a saber explotar en sus siguientes obras. Si alguien hubiera imaginado que Gonzalo haría alguna vez una película sexualmente explícita de principio a fín seguro que no hubiera sabido calibrar el alcance artístico final, pero aquí, con los problemas que le acarreará el no poder ser exhibida libremente por la calificación que le otorgarán quienes sólo vean órganos sexuales, hay todo un ejemplo de libertad creativa, imaginería visual y musical, poesía literaria y en imágenes y todo un homenaje a la mujer, a su cuerpo indudablemente, pero también a su mente, protagonista absoluta de su serie 10+1 hasta la fecha, donde los hombres terminan pareciendo quizás lo que simplemente son, mientras las mujeres controlan y hacen avanzar la acción una y otra vez.

 

 

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